0

A pesar de que el pensamiento común respecto al romanticismo se encuentra ligado al mismo origen del ser humano, lo cierto es que la concepción del mundo romántico y del ser humano como ente individual y creador, tiene apenas dos siglos de antigüedad. Se pueden encontrar, no obstante, las primeras alusiones al término en el siglo XVI cuando Shakespeare hacía estremecer a generaciones enteras con las frases romanticas que han dado la vuelta al mundo de su obra “Romeo y Julieta” tales como “ la despedida es un dolor tan dulce que estaría diciendo buenas noches hasta que llegara el alba”. Asimismo, otros poetas de este siglo como fue Luis de Góngora también se aproximaban a la visión neoclásica del amor perfecto aunque estaba irremediablemente centrado en la belleza y la juventud, grandes preocupaciones de esta época.

Sin embargo, todos recordaremos a Gustavo Adolfo Bécquer como el creador de los más tiernos y sencillos versos de amor. Dotado de un carácter de demiurgo fuera de lo común, Bécquer sabía transmitir en sus citas los sentimientos más elevados sin necesidad de crear la pompa que otros de sus contemporáneos como fueron José de Espronceda o Goethe, enamorados de las figuras retóricas y una narrativa ostentosa. Bécquer dejó constancia de una serie de frases que se han convertido en refranes tales como; “ojalá el amor un diccionario tuviera en dónde hallar cuando el orgullo es simplemente orgullo y cuando es dignidad”. El carácter mundano y accesible de su literatura fue más fuerte que su debilidad vital que hizo que apenas estuviera en el mundo treinta y cinco años.

La realidad es que entre los autores de las frases más románticas siempre se ha desprendido cierta aura de melancolía y desorientación, como si el amor o el desamor estuvieran desligados completamente de la racionalidad del mundo real. Y, aunque parezca imposible que en cierto siglo XXI pueda continuar vivo este espíritu, lo cierto es que la red vuelve a propiciar esa imagen del amor cortés, de la infidelidad, de la pasión, de sentimientos irracionales que consiguen que quienes los viven, se aparten la realidad sensible para adentrarse en una espiral de romanticismo y promesas idealizadoras. Definitivamente, el ser humano necesita del amor y del romanticismo para sobrevivir. Poco a poco se ha ido convirtiendo en algo tan importante como respirar ya que, especialmente después de la ruptura de patrones tradicionales acerca del amor como núcleo económico y familiar, el romanticismo se ha alzado como principio y meta de millones de personas que, gracias a los autores románticos, buscan a su alma gemela.

contatore visite